Opinion New York Times

Tengo muy claro, a diferencia de la gran mayoria de la gente que vive por aca, que no somos el ombligo del mundo. Es “gracioso” ver como la gente se confunde y piensa de esa manera.
Por eso creo que vale la pena ver que opina un prestigioso medio (mas alla de su tendencia ideologica) acerca de la visita de Bush a la cumbre y a Brasil.
Definitivamente EEUU se crea un problema con la poca importancia que le da a la region vecina. Es verdad que es una region pobre. Pero es como en el sectoro privado: Contribucion economica bajisima pero un probable dolor de cabeza constante mientras que estrategicamente no se la puede abandonar. No sera mas facil dedicarle un poco mas de atencion nomas? Creo que haciendolo de forma inteligente se podrian evitar muchos dolores de cabeza.

El siguiente es el editorial publicado ayer por The New York Times:

NUEVA YORK.- Después de la desastrosa visita de George W. Bush a América latina, es desalentador darse cuenta de que aún faltan tres años para que concluya su mandato. Ya sería lo suficientemente difícil convivir en el frente interno con un gobierno sin agenda ni aptitud. Pero el resto del mundo sencillamente no puede darse el lujo de tener un gobierno norteamericano tan ineficiente durante tanto tiempo.

En la Argentina, Bush, que se jacta de su capacidad para relacionarse frente a frente con los líderes del mundo, apenas pudo reunir la energía para conversar allí con los otros líderes, la mayoría de los cuales podrían ser considerados amigos de los Estados Unidos en circunstancias normales. Ni él ni su delegación lograron siquiera mínimamente salvar la cara en las fracasadas negociaciones y dejaron que un bocón oportunista como el presidente de Venezuela se llevara los aplausos.

Es asombroso recordar que cuando presentó su candidatura, Bush se vanaglorió de su conocimiento de América latina, de su capacidad para hablar español y de su amistad con México. Y también se burlaba de su adversario, Al Gore, por creer que la construcción de una nación era una tarea para las fuerzas armadas.

Ciertamente, el presidente podría darse el lujo de reemplazar a algunos de sus asesores y colaboradores. Pero el verdadero problema es el propio Bush.

Quizá los segundos mandatos sean difíciles, pero el presidente aún tiene el poder para definir el curso de acción. El lugar para empezar es el que ocupa Dick Cheney, la sombría fuerza que ha impulsado muchas de las más calamitosas políticas de la Casa Blanca.

Bush no puede despedir a Cheney, pero sí podría mantenerlo ocupado, por ejemplo, mandándolo a funerales. Bush aún tendría que darle un giro radical a su administración, pero eso al menos enviará una señal al país y al mundo de que él está al mando y los siguientes tres años podrían no ser tan temibles como parecen ahora

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