Fernando Iglesias nos conto ayer de que "nos salvamos"

Del suplemento Enfoques de La Nacion de ayer domingo

Muy tristemente divertido……..

De la que nos salvamos…
El autor analiza con ironía el rechazo argentino al ALCA y al libre comercio, y las consecuencias que la política de “vivir con lo nuestro” seguirá acarreando a nuestro país

BRUSELAS.- Participaba en esta ciudad de una reunión del Movimiento Federalista Mundial (MFM) cuando llegaron las habituales buenas nuevas de la Argentina: las movilizaciones sociales habían acabado con buena parte de Mar del Plata y nuestro hábil gobierno se aprestaba a terminar con la terrible amenaza de que nuestro país integre el ALCA. ¡Qué contento me puse! Los delegados del MFM se paseaban por los pasillos del Parlamento Europeo mostrando el periódico con la foto de Maradona vistiendo la remera de “Stop Bush”. ¡Vamos a ver cómo se las arregla ahora el pobre George!, me dije, lleno de orgullo.

De la que nos salvamos? La Argentina pudo haber corrido la suerte de Canadá, desde hace décadas el principal socio comercial de los yanquis y una nación cuyos niveles de vida están siempre entre los peores del mundo, sólo superada (a veces) por la dramática situación de Suecia y Noruega. O nos pudo haber pasado como a Alemania y Japón, pacíficos países que nadaban en la abundancia allá por 1945, y que una vez ocupados por las fuerzas armadas imperialistas en la posguerra se han convertido en la penúltima y la antepenúltima potencias económicas del mundo. Hasta hubiéramos podido convertirnos en China, que vende casi la mitad de sus exportaciones al Nafta y no hace otra cosa que comprar bonds del Tesoro norteamericano, cuya economía está decreciendo desde hace tres décadas al ritmo de un 9% anual y condenando a millones de seres humanos a abandonar el paraíso maoísta para sumergirse en la pobreza. Nada de esto nos sucederá, gracias al cielo. Y gracias a nuestros militantes políticos y a nuestros gobernantes, que no temen enfrentarse con ninguna ley de la lógica, la Argentina es ahora libre de imitar al Africa, el continente más autárquico y desconectado del globo, que desde que ha reducido a la mitad sus intercambios comerciales con el resto del planeta se ha convertido en el paradigma mundial de la paz, la igualdad y la democracia.

Los diarios belgas mencionaban también las consignas voceadas en las calles marplatenses acerca del embargo cubano. Todas ellas a favor -pensé- seguramente, dado que la ausencia de toda relación comercial con los Estados Unidos es el elemento clave de la maravillosa situación económica por la que atraviesa la isla. Desde luego, no faltarán los espías imperialistas que mencionen que antes de ingresar al Nafta, México tenía un déficit comercial de más de 3000 millones de dólares con los Estados Unidos y que en cambio tiene ahora un superávit de más de 50.000 millones. Pero, en el fondo, ¿de qué se trata sino de que los gringos se lleven las riquezas mejicanas a cambio de unos miles de millones de billetes verdes con la cara de Washington que estampan ellos mismos sin ningún esfuerzo? ¡Otra vez espejitos de colores por nuestro patrimonio!, me dije amargamente.

En todo caso, ¿para qué mirar afuera cuando el mapa de América del Sur nos ofrece la demostración más clara de los efectos terribles de integrarnos al mundo? ¿No es la costa atlántica, que da a Europa, mucho más rica que la del Pacífico? ¿No son Santiago, Lima y Quito mucho más importantes y desarrolladas que Buenos Aires, Montevideo, Río y San Pablo? ¿No son Bolivia y Paraguay, gracias a su ausencia de salida al mar y de conexión con el mundo, los países más ricos del continente? ¿No es toda América latina, debido a su lejanía geográfica de los centros corruptores del capitalismo, el continente más igualitario y solidario del planeta, y el menos violento y corrupto?

La inteligente estrategia de rechazar el ALCA nos salvará del horror de parecernos a los Estados Unidos, en donde la gente ni se para a ayudar a quienes están tirados por las calles, en donde reinan las desigualdades y los pobres carecen de servicios sociales, en donde los homeless viven recogiendo cartones y en donde la violencia en las calles y las armas de fuego son cosa de todos los días. ¡Dios nos libre de semejantes desgracias! Hace bien nuestra dirigencia en insistir con el Mercosur y la integración latinoamericana, así podremos seguir planificando con nuestros hermanos uruguayos la instalación de plantas de celulosa en mutuo beneficio, intercambiando lavarropas y zapatos con los simpáticos brasileños, compartiendo nuestro gas con los amigos chilenos. Para eso, y para mucho más seguramente, nuestro Presidente ha designado como padrino de la Unión Sudamericana a Eduardo Duhalde, que ha logrado, el año pasado en Cuzco, que se proclame un mercado y una moneda comunes? ¡para dentro de quince años! ¡Qué dirigentes visionarios los nuestros! Y qué valiente es nuestro Presidente, que hasta ha tenido el coraje de mencionar, en la propia cara de Bush, el modelo europeo. Seguramente Remes Lenicov, nuestro embajador ante la Unión Europea, estará avanzando en ventajosos acuerdos multilaterales con la misma eficiencia que demostró cuando era ministro de Economía y aplicó el corralón, la devaluación salvaje y la pesificación asimétrica e hizo crecer el PBI argentino más de 10% en unos meses.

De todas maneras, si todos los esfuerzos que los argentinos hacemos cada día por integrarnos al mundo fracasan, tampoco será nuestra culpa ni habrá motivos para lamentarse. En un país tan rico como la Argentina, en el que una buena cosecha de soja lo arregla todo por unos cuantos años, podemos siempre, como sostiene Aldo Ferrer, “vivir con lo nuestro”.

Por Fernando A. Iglesias
© LA NACION

El autor ha publicado ¿Qué significa hoy ser de izquierda? (Sudamericana).

Link corto: http://www.lanacion.com.ar/755816

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