Interesante lectura del tema Bielsa

DIARIO LA NACION
Vote un embajador y elija un diputado

Es decir, tal como están las cosas, uno vota un canciller, designa un embajador y, por obra de Néstor Kirchner, termina eligiendo un diputado. En tan frenética carrera no sabe cómo llamarlo: ministro, embajador electo o diputado designado. Opta por llamarlo doctor desde el momento en que Rafael Bielsa es abogado y, curiosamente, antes del malogrado ballottage de 2003, iba a ser ministro de Justicia.

Kirchner, empero, votó, designó o eligió a Gustavo Beliz, que después recibió tarjeta roja. Bielsa aceptó ser canciller. Le gustó. Y mal no le fue. Su primer viaje a Francia coincidió con la aparición de un libro de poemas del actual primer ministro, Dominique de Villepin, entonces canciller como él.

Lo leyó de corrido mientras, como cábala, llevaba en la maleta su infaltable sopapa. No es broma: Bielsa viaja desde hace unos años con una sopapa, que, por fortuna, no hace chillar detectores de metales por su fina confección en goma y madera. En una ocasión, una mucama de la residencia del embajador de Portugal, sorprendida al verla sobre la cama de la habitación de huéspedes, creyó que se trataba de un descuido de alguna de sus compañeras. Hubo un cónclave del servicio doméstico para hallarla.

En la campaña electoral, la Cancillería contó con el honor de tener dos candidatos: Bielsa en la ciudad de Buenos Aires y el secretario de Relaciones Exteriores, Jorge Taiana, vicecanciller en la práctica, en la provincia de Buenos Aires. En los dos distritos más importantes del país hubo, pues, una impronta de la política exterior por la cual Kirchner demuestra enorme apego.

Quizá sea su pasión, pero, aparentemente, no vacila en disimularlo. En lista de espera quedaron los presidentes de Portugal (sí, en donde Bielsa perdió la sopapa) y de Sudáfrica, así como otros que, recibidos de apuro, apenas pudieron degustar los postres en el fastuoso salón del Palacio San Martín. Entre ellos, hasta el presunto salvador de la Argentina: Hu Jintao, presidente de China. ¿Habrá sido por la descortesía de negarse a desembolsar 20.000 millones de dólares en un país tan previsible como la Argentina?

País generoso

Tan previsible, insisto, que uno vota una lista y, por obra de Eduardo Lorenzo Borocotó, termina favoreciendo a otra. Dios no es argentino ni juega a los dados. Sólo vacía el cubilete después de las elecciones. Que, en lugar de certezas, siembra intriga y misterio.

Desde temprano, Bielsa padeció las tribulaciones de la decisión de Kirchner de no designarlo diputado, sino elegirlo embajador. El imperativo era la voluntad popular, expresada en las urnas, de recomponer la relación bilateral, maltrecha por el conflicto con Suez, accionista principal de Aguas Argentinas.

Era conveniente persuadir al presidente Jacques Chirac de que en su próxima visita a Brasil y Chile no omitiera a la Argentina, país previsible (y generoso) si los hay. Tan generoso que el presidente de México, Vicente Fox, se llevó la mejor impresión de la IV Cumbre de las Américas, así como George W. Bush, felices, a su vez, por haber terciado a favor de Kirchner en las negociaciones con el Fondo Monetario.

Eso ya pasó: Fox y Bush debieron vérselas después con el presidente bolivariano Hugo Chávez, algo más excéntrico, digamos, que cualquier otro mandatario latinoamericano. O la síntesis perfecta de una democracia electoral en la cual la legitimidad se lleva de los pelos con la legalidad sin ser ilegal.

Con la excusa justa, Kirchner se caracteriza en el exterior por las urgencias domésticas. Siempre tiene poco tiempo para atender a sus pares, excepto a Chávez. Menos tiempo aún tiene para asistir a cumbres, como la celebrada en Mar del Plata, aportan poco. Poco voto, en principio.

Como efímero embajador electo, Bielsa tenía una premisa, pues: recordarle a Villepin que había leído sus poemas y, si cuadraba, procurar que Chirac no pasara de largo sobre la Argentina en su derrotero de Brasil a Chile.

Seré curioso: ¿alguien supo en el ínterin qué respondió el gobierno de Francia ante la posibilidad de que el ex canciller fuera el nuevo embajador? Pudo haberlo objetado. Meras conjeturas, aclaro, como la posibilidad de que Bielsa sea… diputado, creo.

Por Jorge Elías
De la Redacción de LA NACION

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