Las diferencias y el pasado

Algo que huele a menemismo

Por Sylvina Walger
De la Redacción de LA NACION

Seguramente fue una coincidencia pero todo se agudizó con las fiestas. Como si se hubiera puesto de acuerdo, el matrimonio que gobierna y el coro que suele acompañarlo se han entregado a un frenesí mediático de ofensas, burlas y descalificaciones que inevitablemente obliga al que los ve, escucha o lee, a reflexionar acerca de la racionalidad de los antojos que anidan en lo profundo de su ser. Embarcada en la reforma del Consejo de la Magistratura, la senadora aprovechó para emprender una cruzada contra sus pares, ya sea porque se le oponían o simplemente porque no le gustaban. Como Daniel Scioli, eternamente acusado de conspiración y que, sin ánimo de invadir el terreno de la psicología, algún día acabará en serio conspirando para concretar así aquello de la profecía autocumplida.

Si hay algo que irrita al matrimonio Kirchner es cualquier cosa que huela a menemismo. Para su desgracia, Scioli (cabe suponer que nadie los obligó a llevarlo como vice), en tanto rémora del menemoduhaldismo, es la mancha de tuco de la “revolución” kirchnerista. No ocurre lo mismo con el diputado Miguel Pichetto, un hipermenemista que en otros tiempos supo encabezar el ranking de los fans que exigían la “re re” del innombrable y que hoy, gracias a su elasticidad ideológica y pese a contarse entre los defensores del cuestionado juez Bonadío, recibe un trato casi familiar,

Los misiles, que no se limitaron a la familia justicialista, alcanzaron en un yerro sin precedentes al senador Terragno definido por la primera ciudadana “como el peor jefe de Gabinete” que nos haya tocado en suerte. Terragno es un radical independiente con el que se puede acordar o no, pero cuya formación y solidez lo hacen estar muy por encima de una legislatura que ya hace tiempo limita con los pueblos ágrafos.

Durante tan esperpéntica como banal maratón, que opaca los resultados positivos de esta gestión (que los hay), el Presidente de la Nación protagonizó junto a Marcelo Tinelli una emisión dedicada a denigrar al ex presidente De la Rúa. Una pena señor Kirchner, mayor aún por el hecho de que una acompañante como Felisa Miceli, a quien se le atribuye un impecable currículum ético, se haya prestado a un juego de tan baja estofa. Tinelli, cuyo esfuerzos para cultivar el poder de turno son sólo comparabales con su olfato para cautivar a las mayorías, es el mismo que popularizó la imagen de Carlos Menem y lo instaló como jefe de la cultura del “vivo”, esa venerada cualidad nativa en la que coinciden el desprecio por el prójimo y la rapidez para extraer ventajas de una determinada situación, de la que el mismo Tinelli es un fiel exponente y a la que acaba de agregarse el primer mandatario.

Para explicar esta retahíla de desaguisados, el Presidente argumentó que De la Rúa (sin desmerecer ninguno de sus cuantiosos errores) había puesto en riesgo la institucionalidad del país. Una explicación que no satisface. ¿O acaso ignora el señor Presidente que no fueron las cacerolas las que lo eyectaron por el aire, sino los mismos a los que les debe su actual mandato?

En cuanto al empecinamiento de la senadora en domesticar al Consejo de la Magistratura, no suena tan diferente de aquella voz que insistía con “la Ferrari es mía, mía, mía”.

Link corto: http://www.lanacion.com.ar/768613

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