Aniversario del 25. Situacion de la economia

Esto tambien salio el 25 de mayo. Tarde pero bueno.

Néstor ScibonaOpinión
Un punto de llegada, pero también de partida

Los indicadores económicos hablan por sí solos. Casi todos están mucho mejor que en 2003, cuando Néstor Kirchner inició su gestión presidencial.

No sólo eso: el producto bruto interno incluso supera en un 11 por ciento al de 1998, punto de partida de la más prolongada y profunda recesión de las últimas décadas. Otro tanto ocurre con el PBI per cápita, que se ubica en torno de los 5000 dólares después de haber caído a poco más de 2000 durante la crisis de 2002, un nivel tan irreal como los 9000 dólares que había alcanzado durante la década de la convertibilidad.

La distribución de ese ingreso, en cambio, deja todavía mucho que desear, debido a la altísima proporción de empleo en negro (45 por ciento) y a que muchos asalariados y la mayoría de los jubilados se encuentran por debajo de la línea de pobreza.

En sus primeros tres años de mandato, Kirchner aprovechó el contexto económico internacional extremadamente favorable para acelerar la recuperación que se había iniciado unos meses antes de que asumiera la Presidencia. Tanto como el “trabajo sucio” que había emprendido su antecesor Eduardo Duhalde, hoy uno de sus adversarios políticos.

La ratificación de Roberto Lavagna como ministro de Economía le sirvió para consolidar la política de tipo de cambio alto con retenciones, que, a su vez, fue la base para mantener un inédito período de cuatro años consecutivos de superávit fiscal y externo y para concretar la audaz reestructuración de la deuda pública en default.

Los superávit gemelos constituyen un reaseguro contra las crisis que, desde uno u otro flanco, en el pasado habían tumbado ministros y gobiernos. Pero además marcan una contradicción: estos necesarios instrumentos ortodoxos resultan incompatibles con el discurso heterodoxo y populista del oficialismo.

Con récords de crecimiento al 9 por ciento anual, producción industrial, exportaciones y recaudación impositiva, además de la recuperación de la inversión (que pasó de 11 a 22 por ciento del PBI) y de la masa salarial (por nuevos puestos de trabajo y de sueldos en blanco), el Gobierno bien podría proclamar que ya dejó atrás definitivamente lo peor de la crisis o, en las propias palabras de Kirchner, que la Argentina pasó del infierno al purgatorio.

* * *

¿Alcanza para llegar al paraíso? La respuesta es no. Sobre todo si el Gobierno se limita a creer, como suele transmitirlo, que el alto crecimiento de la economía llegó para quedarse y que la inflación de dos dígitos es solamente un accidente transitorio que se puede subsanar aplicando la política del garrote a quienes fijan los precios.

Los espectaculares indicadores del período 2003/2006 no son un punto de llegada, sino que deberían ser un punto de partida para comenzar a resolver la gran cantidad de distorsiones y factores de incertidumbre que, por acción u omisión, se han ido acumulando en la economía a lo largo de estos últimos tres años.

Sin removerlos, será más difícil alentar grandes proyectos de inversión que aumenten la capacidad productiva del país.

En el horizonte inmediato hay demasiadas incógnitas sobre cuestiones clave, como la estrategia antiinflacionaria; el déficit energético; la contrarreforma laboral que se cocina en el Congreso o los cargos tarifarios discrecionales para financiar obras de infraestructura con inversión pública.

También sobre los efectos a más largo plazo que pueden tener sobre los superávit gemelos cuestiones tales como la veda exportadora para las carnes; la reducción del horizonte de reservas de gas y petróleo; los crecientes subsidios para evitar ajustes de tarifas; los aumentos en salarios públicos provinciales; los juicios previsionales o la moratoria permanente para jubilarse sin haber aportado al sistema.

No sólo ha llegado el momento de la sintonía fina para clarificar esas dudas, sino para debatir en voz alta políticas de largo plazo que no están a la vista.

También es hora de que el Gobierno se ocupe de la debilidad institucional que hace que las leyes y reglas de juego rijan para algunos y no para otros, o de evitar que la reactivación de la industria del juicio laboral amenace a las pequeñas y medianas empresas que están aprovechando la recuperación de la economía.

Cuanto menos aparezcan anuncios sorpresa o los Moreno, Moyano y Recalde, habrá más chances de apuntalar la recuperación.

Por Néstor O. Scibona
Para LA NACION

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