Presidente sin limites-Liderazgo

Esto lo habia leido el 25 de mayo y creo que es muy bueno ponerlo

Un Presidente que no encuentra límites a su poder

Por Sergio Berensztein
Para LA NACION

La Argentina carece de la infraestructura institucional necesaria para generar un proceso de desarrollo equitativo y sustentable. Ni el aparato del Estado ni los actores políticos poseen los recursos materiales, organizativos y simbólicos para reinsertar el país en el mundo, fortaleciendo la democracia y el imperio de la ley. Somos todavía ciudadanos imaginarios : gozamos sólo en teoría de derechos y garantías.

Cumplidos tres años de gestión, puede afirmarse que el presidente Néstor Kirchner ha hecho muy poco por revertir ese problema estructural que arrastramos desde hace décadas. Su principal mérito consiste en haber evitado un escenario aún peor. Llegó al poder con el 22 por ciento de los sufragios y podría haber escalado la brutal crisis política que vivía la Argentina, con un final impredecible.

Menguada su legitimidad de origen, Kirchner apostó a construir legitimidad de ejercicio; es decir, apoyo popular para sus medidas. Esto implicó definir una agenda pública regida por el humor de la opinión pública y las prioridades electorales, en oposición a una gestión basada en un plan estratégico y racional de gobierno.

Con su peculiar tendencia a la confrontación permanente, Kirchner reconstruyó con rapidez la autoridad presidencial. Llenó un vacío de poder que llevaba ya demasiado tiempo, pues el país carecía de un presidente fuerte desde las elecciones de 1997. Lo que tanto faltaba de pronto comenzó a sobrar: Kirchner no encontró límite alguno a su creciente liderazgo.

Al comienzo hubo algún interés por mejorar, al menos parcialmente, la calidad institucional. Por ejemplo, el decreto 222/03 autolimitó las facultades del Poder Ejecutivo para seleccionar los jueces de la Corte Suprema. En el mismo sentido, el decreto 1172/03 representó un avance significativo, aunque incompleto, en el acceso a la información pública. También la Subsecretaría para la Reforma Institucional y el Fortalecimiento de la Democracia implementó un innovador programa de auditoría ciudadana en varios municipios.

Concentración

Sin embargo, pronto se impuso la lógica perversa del hiperpresidencialismo. Así, Kirchner alentó la concentración de facultades y recursos en su persona, limitando la división de poderes y los mecanismos de frenos y contrapesos. El Congreso se convirtió en un dócil actor de reparto, dispuesto incluso a aumentar la capacidad del Poder Ejecutivo para influir en el Consejo de la Magistratura y a remover jueces de la Corte que si bien eran muy cuestionados y carecían en algunos casos de los antecedentes adecuados fueron desplazados por el contenido de sus fallos.

La autonomía de las provincias y municipios perdió significado por el incumplimiento de la ley de coparticipación federal (el Ejecutivo controla el dinero de las retenciones y el 70 por ciento del impuesto al cheque), por la multiplicación de fondos fiduciarios que se asignan de manera antojadiza y por la falta de transparencia en los programas sociales, como el Jefas y Jefes de Hogar.

Como las reglas existentes facilitaban el proceso de acumulación de poder, Kirchner desarticuló las iniciativas de reforma política que impulsaban muchas organizaciones de la sociedad civil y que él mismo se había comprometido a implementar durante la campaña electoral. Gracias a la escasa eficacia en el control del financiamiento, la manipulación de la publicidad pública y la pavorosa anemia de la oposición, el Frente para la Victoria terminó absorbiendo buena parte de las viejas estructuras clientelares y en muchos casos corruptas que el Presidente había oportunamente denunciado y prometido combatir.

Hubo desde el comienzo una sana recuperación de la capacidad de acción de la política y de su importancia para transformar la realidad. Pero esto casi siempre implicó aumentar las atribuciones y regulaciones por parte de un Estado que sigue siendo incapaz de brindar los bienes públicos esenciales y que ahora tiene mayores responsabilidades, como las nuevas empresas estatales. Quien falla en hacer lo simple fallará en hacer cosas más complejas, sobre todo si no hay esfuerzos sistemáticos por mejorar la calidad de la gestión, la capacitación de los funcionarios y las dotaciones de tecnología de la información.

El Gobierno terminó cooptando buena parte del movimiento piquetero. El drama social y los problemas de marginalidad continúan, aunque muchos dirigentes se hayan acomodado a los despachos y protección oficiales. La protesta es legítima, pero hubo tolerancia y hasta impunidad con sectores que cometieron actos de violencia.

Una sociedad moderna necesita sindicatos libres y democráticos, preparados para defender en serio los intereses de los trabajadores. Nada de eso se ha logrado en los últimos tres años. Al contrario, el Gobierno pactó con el sector más corporativo y desacreditado de la dirigencia sindical. Mientras tanto, avanzan proyectos de legislación laboral que desincentivan la inversión, el crecimiento y la generación de empleo.

Las formas y el contenido de los discursos públicos reflejan la cultura cívica de una sociedad, sobre todo de su clase dirigente. La hostilidad y la irreverencia con la que fueron sistemáticamente tratados representantes de la oposición, del propio peronismo, el sector privado, los medios de comunicación, los organismos internacionales y hasta importantes autoridades de países extranjeros no implican solamente un grave desconocimiento de las reglas básicas de convivencia, del protocolo y hasta de sentido común. Demuestran, además, una preocupante indiferencia por la reputación del país.

Aislamiento

La Argentina se ha aislado de un mundo que sigue creciendo, pero que está convulsionado por los problemas de seguridad, sobre todo el terrorismo. Nuestra política exterior ha sido errática y ambigua, con alianzas imprevisibles, como la de Hugo Chávez; enfrentamientos impensables, como el de Uruguay, o movimientos espasmódicos, como los del “cuento chino”.

En ese contexto, la política de defensa ha experimentado retrocesos significativos: el Gobierno se ha empeñado en revivir los traumas del pasado en vez de proyectar las Fuerzas Armadas del futuro, fomentando el revanchismo, los prejuicios ideológicos y la frustración de las nuevas generaciones de militares, carentes de una conducción prestigiosa e idónea.

Es incuestionable que muchos de los problemas político-institucionales que tiene la Argentina no son nuevos: la herencia recibida por esta administración fue sin duda aciaga. No obstante, el aporte realizado por Kirchner para revertir esa situación ha sido exiguo. Más aún, el Presidente se ha beneficiado enormemente del vacío de institucionalidad y de valores dejado por la crisis, incluyendo la epidemia de genuflexión que sufre buena parte de nuestra clase dirigente.

Para construir una sociedad justa, moderna y democrática se necesitan más y mejores ideas y otra clase de liderazgo.

El autor es uno de los directores de Poliarquía y profesor de la Universidad Torcuato Di Tella.

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