Discurso de Sarkozy

Copio textual el texto previo y el discurso de la “carta del ciberespacio” de Daniel Naszewski.
Francia 40 años después: mayo del ‘68 bajo la lupaUna respuesta a quienes se dicen progresistas  

 

“Mayo del ‘68 nos había impuesto el relativismo intelectual y moral. Los herederos del ‘68 habían impuesto la idea de que todo vale, que no hay ninguna diferencia entre el bien y el mal, entre lo verdadero y lo falso, entre lo bello y lo feo. Habían querido hacernos creer que el alumno vale tanto como el maestro, que no hay que poner notas para no traumatizar a los malos alumnos, que no había diferencias de valor y de mérito. Habían querido hacernos creer que la víctima cuenta menos que el delincuente, y que no puede existir ninguna jerarquía de valores. Habían proclamado que todo está permitido, que la autoridad había terminado, que las buenas maneras habían terminado, que el respeto había


Hola gente, amigos y no tan amigos. Como
la Argentina no es el ombligo del mundo, aunque muchos argentinos parecen creerlo así, parece saludable observar en qué están otras naciones en estos días, a lo mejor nos contagiamos de un poco de futuro, nosotros, que seguimos avanzando hacia el pasado, valga el juego de palabras. En Brasil las principales agencias calificadoras de riesgo subieron el rating del país vecino al escaloncito previo para que se convierta en Investment Grade, mientras el real se sigue revaluando y Lula anuncia que prefiere una moneda fuerte porque significa mejores salarios. El Bovespa ya pasó los 51.500 puntos y un bono de deuda brasileño a 30 años paga un rendimiento de 6,1%, prácticamente lo mismo que un bono privado de algún banco importante de los Estados Unidos. Pero lo más interesante es Francia, donde ayer asumió el nuevo presidente electo, Nicolás Sarkozy, sin duda un hombre que no tiene problemas en decir lo que piensa, aunque sea políticamente incorrecto en una sociedad que se dice progresista y culta como la francesa, aunque los estallidos de violencia urbana de los últimos tiempos y esa enfermedad llamada euroesclerosis siguen mostrando a una economía que crece lentamente como consecuencia directa del asistencialismo excesivo de la llamada economía del bienestar del modelo renano.
Por eso hoy no hay un artículo mío, sino el discurso completo de Sarkozy previo a que se produjera la segunda vuelta electoral en donde fue elegido Presidente de Francia por 53% de los votos. Desde el supuesto progresismo francés se dice que el nuevo mandatario es un conservador, que es de derecha, que no debiera haberse ido a descansar al yate de un amigo, etcétera, etcétera. Yo los invito a leer el discurso de este hombre por varias razones… 

·        Porque llamativamente se refiere, aunque hable de Francia, al tipo de debates que están ocurriendo en
la Argentina de estos tiempos respecto a temas como seguridad (o inseguridad, más bien), educación, valores, moral, límites, orden y otras materias pendientes de la Argentina.
·        Porque revela que la polémica sobre qué es ser progresista está en plena ebullición en el mundo, y en Argentina, claro, pese a que no hay demasiado debate en este país del pensamiento único, el oficial, Obvio. Están quienes sostienen que se ayuda a los necesitados redistribuyendo la riqueza (cuando la hay, claro) y quienes consideran que el crecimiento económico (función de la inversión, el clima de negocios y el respeto a las reglas y normas legales) es la mejor herramienta para mejorar la situación de los más pobres, que en Argentina, hay que decirlo, están en la indigencia y no tienen demasiado futuro en la medida que el clientelismo parece prevalecer, en todo caso, sobre el verdadero y necesario asistencialismo para quienes realmente no tienen otra opción. ·        Porque es llamativo el “rebote” informativo que ha tenido este discurso en nuestro país, que fue enviado y reenviado por mail (el soporte de la libre expresión y el respeto en estos tiempos de cólera) y ya dio varias vueltas al mundo. En Argentina varias personas me lo enviaron en la semana, y ayer fue “publicado” por Síntesis Informativa, el diario digital que conduce
Jorge Santos. Justamente, yo había decidido hace días incluirlo en mi carta desde el ciberespacio de hoy, y me parece que ambos hechos suman, antes que restar, confirmando la inesperada aunque comprensible trascendencia que este discurso ha generado en la Argentina.
·        Porque el discurso de Sarkozy no se refiere especialmente a temas económicos, sino que habla de principios, de valores, de convivencia civilizada, de educación, de costumbres, un debate tan necesario en Francia como en la actual Argentina, en que la economía, pese a las distorsiones que se acumulan riesgosamente, está funcionando razonablemente bien. Con todo, mirando hacia delante lo que inquieta a más y más personas son los problemas relacionados con el riesgo institucional que implica un gobierno que está demostrando poca vocación democrática y un excesivo afán hegemónico que no es para “gobernar mejor”, sino pare permanecer en el poder. ·        Porque la oposición en
la Argentina está durmiendo la siesta. Muchos miembros de la oposición, de hecho, ya se han dado por vencidos y dan por ganador al Presidente Kirchner o su mujer, pese a que faltan cerca de 6 meses para las elecciones presidenciales. Sería bueno que leyeran este discurso y se atrevieran a competir ofensivamente (no agresivamente, aclaro), fijando una nueva agenda, sacudiendo a una sociedad que se encuentra anómica, anestesiada (pero no tanto), crispada y fragmentada.
 

Nicolás Sarkozy, discurso de Bercy, domingo 29 de abril de 2007 

“El pensamiento único, que es el pensamiento de quienes lo saben todo, de quienes se creen no sólo intelectualmente sino también moralmente por encima de los demás, ese pensamiento único había denegado a la política la capacidad para expresar una voluntad.Había condenado la política. Había profetizado su caída imparable frente a los mercados, las multinacionales, los sindicatos, Internet. Se sostenía que en el mundo tal cual es hoy, con sus informaciones que se difunde instantáneamente, sus capitales que se desplazan cada vez más rápido y sus fronteras ampliamente abiertas, la política ya no jugaría más que un papel anecdótico y que ya no podría expresar una voluntad, porque el poder pronto estaría compartido, diluido, disperso en red; porque las fronteras estarían totalmente abiertas y los hombres, los capitales y las mercancías circularían sin obedecer a nadie. Pero la política retorna.Retorna por todas partes en el mundo. La caída del Muro de Berlín pareció anunciar el fin de la Historia y la disolución de la política en el mercado. Dieciocho años después, todo el mundo sabe que la Historia no ha terminado, que siempre es trágica y que la política no puede desaparecer porque los hombres de hoy sienten una necesidad de política, un deseo de política como rara vez se había visto desde el fin de la segunda guerra mundial.
 
Necesidad de nación

La necesidad de política tiene por corolario la necesidad de nación. La nación también había sido condenada. Pero aquí está de nuevo, para responder a la necesidad de identidad frente a la mundialización, vivida como una empresa de uniformización y mercantilización del mundo en la que ya no quedaría lugar para la cultura y para los valores del espíritu.
Quizá la inquietud es excesiva, pero es bien real y expresa una necesidad de identidad muy fuerte. Por todas partes la he encontrado en esta campaña; en todas partes me han hablado de ella gentes de toda condición.Pero la nación no es sólo la identidad. Es también la capacidad de estar juntos para protegerse y para actuar. Es el sentimiento de que no se está solo para afrontar un futuro angustioso y un mundo amenazante. Es el sentimiento de que, juntos, se es más fuerte, y podremos hacer frente a lo que, solos, no podríamos afrontar. Yo he querido volver a poner la voluntad política y Francia en el corazón del debate político. La voluntad política y la nación están siempre para lo mejor y para lo peor. El pueblo que se moviliza, que se convierte en una fuerza colectiva, es una potencia temible que puede actuar tanto para lo mejor como para lo peor. Hagamos las cosas de manera que sea para lo mejor. Conjuraremos lo peor respetando a los franceses, manteniendo nuestros compromisos, respetando la palabra dada. Conjuraremos lo peor haciendo que la moral retorne a la política.
Contra los herederos de Mayo del 68 

No me da miedo la palabra “moral”. Desde mayo de 1968 no se podía hablar de moral. Era una palabra que había desaparecido del vocabulario político. Hoy, por primera vez en decenios, la moral ha estado en el corazón de la campaña presidencial. Mayo del 68 nos había impuesto el relativismo intelectual y moral. Los herederos del 68 habían impuesto la idea de que todo vale, de que no hay ninguna diferencia entre el bien y el mal, entre lo verdadero y lo falso, entre lo bello y lo feo. Habían querido hacernos creer que el alumno vale tanto como el maestro, que no hay que poner notas para no traumatizar a los malos alumnos, que no había diferencias de valor y de mérito. Habían querido hacernos creer que la víctima cuenta menos que el delincuente, y que no puede existir ninguna jerarquía de valores. Habían proclamado que todo está permitido, que la autoridad había terminado, que las buenas maneras habían terminado, que el respeto había terminado, que ya no había nada que fuera grande, nada que fuera sagrado, nada admirable, y tampoco ya ninguna regla, ninguna norma, nada que estuviera prohibido.

Recordad el eslogan de Mayo del ‘68 en las paredes de la Sorbona: “Vivir sin obligaciones y gozar sin trabas”. Así la herencia de Mayo del ‘68 ha liquidado a la escuela de Jules Ferry en la izquierda francesa, que era una escuela de la excelencia, del mérito, del respeto, del civismo; una escuela que quería ayudar a los niños a convertirse en adultos y no a seguir siendo niños grandes, una escuela que quería instruir y no infantilizar, porque había sido construida por grandes republicanos que tenían la convicción de que el ignorante no es libre. Pero la herencia de Mayo del 68 ha liquidado esa escuela que transmitía una cultura común y una moral compartida, cultura y moral gracias a las que todos los franceses podían hablarse, comprenderse, vivir juntos. La herencia de Mayo del ‘68 ha introducido el cinismo en la sociedad y en la política. Han sido precisamente los valores de Mayo del ‘68 los que han promovido la deriva del capitalismo financiero, el culto del dinero-rey, del beneficio a corto plazo, de la especulación. El cuestionamiento de todas las referencias éticas y de todos los valores morales ha contribuido a debilitar la moral del capitalismo, ha preparado el terreno para el capitalismo sin escrúpulos y sin ética, para esas indemnizaciones millonarias de los grandes directivos, esos retiros blindados, esos abusos de ciertos empresarios, el triunfo del depredador sobre el emprendedor, del especulador sobre el trabajador.La izquierda hipócritaLos herederos de Mayo del ‘68 han degradado el nivel moral de la política. Todos esos políticos que reivindican la herencia de Mayo del ‘68, dan al prójimo lecciones que jamás se aplican a sí mismos, quieren imponer a los demás comportamientos, reglas, sacrificios que jamás se imponen a sí mismos.
Proclaman: “Haced lo que yo digo, no hagáis lo que yo hago”. Ésa es la izquierda heredera de Mayo del ‘68, la que está en la política, en los medios de comunicación, en la administración, en la economía.
La izquierda que le ha tomado gusto al poder, a los Privilegios. La izquierda que no ama a la nación porque no quiere compartir nada. Que no ama a la República porque no ama la igualdad. Que pretende defender los servicios públicos, pero que jamás veréis en un transporte colectivo. Que ama tanto la escuela pública, que a sus hijos los lleva a colegios privados. Que dice adorar la periferia, pero que se cuida muy mucho de vivir en ella. Que siempre encuentra excusas para los violentos, a condición de que se queden en esos barrios a los que ella, la izquierda, no va jamás. Esa izquierda que hace grandes discursos sobre el interés general, pero que se encierra en el clientelismo y el corporativismo. Que firma peticiones y manifiestos cuando se expulsa a algún “okupa”, pero que no aceptaría que se instalaran en su casa. Que dedica su tiempo a hacer moral para los demás, sin ser capaz de aplicársela a sí misma. Esa izquierda, en fin, que entre Jules Ferry y Mayo del ‘68 ha elegido Mayo del ‘68, es la que condena a Francia a un inmovilismo cuyas principales víctimas serán los trabajadores, los más modestos, los más pobres. Ésa es la izquierda que desde Mayo del ‘68 ha renunciado al mérito y al esfuerzo, que ha dejado de hablar a los trabajadores, de sentirse concernida por la suerte de los trabajadores, de amar a los trabajadores; porque el valor trabajo ya no forma parte de sus valores, porque su ideología ya no es la de Jaurès o la de Blum, que respetaban a los trabajadores, sino que ahora la ideología de la izquierda es la del reparto obligatorio del trabajo, la de las 35 horas, la del asistencialismo.  La crisis del trabajo es ante todo una crisis moral, y en ella la herencia de Mayo del 68 tiene una enorme responsabilidad. Yo quiero rehabilitar el trabajo, quiero devolver al trabajador el primer lugar en la sociedad.Liquidar la herencia de Mayo del ‘68 La herencia de Mayo del ‘68 ha debilitado la autoridad del Estado. Esos herederos de los que en Mayo del ‘68 gritaban “CRS = SS”, toman sistemáticamente partido por los violentos, los alborotadores y los estafadores contra la policía.
Lo hemos visto tras los incidentes de la Estación del Norte. En lugar de condenar a los violentos y de apoyar a las fuerzas del orden y su difícil trabajo, no se les ha ocurrido nada mejor que esta frase, que merecería ser inscrita en los anales de la República: “Es inquietante constatar que se ha abierto una fosa entre la policía y la juventud”.

Como si los vándalos de la Estación del Norte representaran a toda la juventud francesa. Como si fuera la policía la que estaba actuando mal, y no los violentos. Como si los violentos hubieran destrozado todo y saqueado los comercios para expresar una revuelta contra una injusticia. Como si el hecho de ser jóvenes lo excusara todo. Como si la sociedad fuera siempre culpable y el delincuente siempre inocente. Ésos son los herederos de Mayo del ‘68, que denigran la identidad nacional, que atizan el odio a la familia, a la sociedad, al Estado, a la nación, a la República.
En estas elecciones se trata de saber si la herencia de Mayo del ‘68 debe ser perpetuada o si puede ser liquidada de una vez por todas. Yo quiero pasar la página de Mayo del ‘68. Pero tiene que ser más que un gesto. No hay que contentarse con poner banderas en los balcones el 14 de julio y cantar la Marsellesa en vez de la Internacional en los mítines del Partido Socialista. No se puede decir que se desea el orden y tomar sistemáticamente partido contra la policía. No es posible seguir denunciando la “provocación” y el “Estado policial” cada vez que la policía intenta hacer respetar la ley. No se puede decir que uno apuesta por el valor del trabajo y, al mismo tiempo, generalizar las 35 horas, seguir cargándolo con impuestos y estimular la mentalidad del asistido, del que cobra del Estado para no trabajar. No se puede decir que se desea obstaculizar las des-localizaciones y al mismo tiempo rechazar cualquier experimentación del IVA social, que permite financiar la protección social con las importaciones. No es posible proclamar grandes principios y negarse a inscribirlos en la realidad.
Yo propongo a los franceses romper realmente con el espíritu, con los comportamientos, con las ideas de Mayo del 68, con el cinismo de Mayo del 68. Propongo a los franceses devolver a la política la moral, la autoridad, el trabajo, la nación. Les propongo reconstruir un Estado que haga realmente su trabajo y que, en consecuencia, domine las feudalidades, los corporativismos y los intereses particulares. Les propongo rehacer una República una e indivisible contra todos los comunitarismos y todos los separatismos. Les propongo reedificar una nación que de nuevo esté orgullosa de sí misma. Ciudadanía de deberesAl poner sistemáticamente los derechos por encima de los deberes, los herederos de Mayo del ‘68 han debilitado la idea de ciudadanía. Al denigrar la ley, el Estado y la nación, los herederos de Mayo del ‘68 han favorecido el crecimiento del individualismo. Han incitado a cada cual a no pensar más que en sí mismo y a no sentirse concernido por los problemas del prójimo. Yo creo en la libertad individual, pero quiero compensar el individualismo con el civismo, con una ciudadanía hecha de derechos pero también de deberes. Quiero derechos nuevos, derechos reales y no virtuales. Quiero un derecho real a un techo, al alojamiento. Un derecho real al cuidado de los hijos, a la escolarización de niños con minusvalías, a la dependencia para los mayores.
Quiero el derecho a un contrato de formación para los jóvenes de más de 18 años, y a la formación a lo largo de toda la vida. Quiero el derecho a la caución pública para aquellos que no tienen padres, para los que no tienen relaciones, para los enfermos a los que no se les quiere prestar porque se considera que representan un riesgo demasiado elevado. Quiero el derecho a un contrato de transición profesional para los que están en paro.
Pero quiero que estos derechos estén equilibrados con los deberes. La ideología de Mayo del ‘68 habrá muerto cuando la sociedad se atreva a recordar a cada cual sus deberes, cuando en la política francesa se ose proclamar que, en la República, los deberes son la contrapartida de los derechos. Ese día al fin se habrá realizado la gran reforma moral e intelectual que Francia necesita una vez más.
Entonces podremos reconstruir sobre cimientos renovados esa República fraternal que es el sueño siempre inacabado, nunca realizado de Francia desde el primer día en que tuvo conciencia de su existencia como nación. Porque Francia no es una raza, no es una etnia, ni sólo un territorio; Francia es un ideal incansablemente perseguido por un gran pueblo que, desde su primer día, cree en la fuerza de las ideas, en su capacidad para transformar el mundo y hacer la felicidad de la humanidad. Quiero decírselo a los franceses: el pleno empleo, el crecimiento, el aumento del poder adquisitivo, la revalorización del trabajo, la moralización del capitalismo, todo eso es necesario y es posible. Pero eso no son más que medios que deben ser puestos al servicio de una cierta idea del hombre, de un ideal de sociedad donde cada cual pueda encontrar su lugar, donde la dignidad de todos y cada uno sea reconocida y respetada.»   

El discurso completo (en francés) en: www.u-m-p.org/site/index.php/ump/s_informer/discours/nicolas_sarkozy_a_bercy

 

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One response to “Discurso de Sarkozy

  1. Lo tenes en castellano y frances

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