El respeto por los demas-Transito en la Panamericana

Una de las muestras de la falta de respeto que tenemos por los demás y la prepotencia es el transito diario en la Autopista Panamericana. Si, esto podría ser extensivo a todo el transito en general pero, dadas las velocidades de circulación de la misma, y a la habitualidad de quienes tenemos que hacer un trayecto de ida y vuelta por ella todos los días, el peligro es aun mayor.Casi todos los días hay algún accidente. Sin embargo…eso no parece hacernos reaccionar. ¿Porque tenemos la tendencia de pensar que siempre es al otro al que le va a pasar? Por otra parte, más allá de la obligación personal que tenemos de respetar a los demás, ¿las instituciones no pueden hacer nada? ¿La Policía Provincial no puede tener aunque sea un móvil recorriendo y observando las constantes infracciones? ¿AUSA no puede implementar algo? NO se solo la velocidad máxima no respetada, es también el respeto por las velocidades en los carriles, los que se pegan atrás de uno porque comete el “pecado” de ir en la máxima de 130 Km./h por el carril izquierdo. Los que hablan (hablamos) por celular. Siempre hay una excusa para cometer las infracciones. ¿Porque siempre hay que esperar que ocurra alguna desgracia para cambiar?
¿Que podemos hacer para mejorar esto?

One response to “El respeto por los demas-Transito en la Panamericana

  1. ESTO SALIO EN EL SUPLEMENTO “ENFOQUES” DE LA NACION EL DOMINGO 7 DE AGOSTO.

    Desde Barcelona
    El encanto de los 120

    Escribe Silvia Pisani

    El gobierno español se propuso este año una cuestión básica y, como suele ocurrir en esos casos, vital. O sea: no más muertes en accidentes de tránsito.

    ¿Resultado? Que el límite de velocidad máxima de 120 kilómetros por hora se cumple a rajatabla. Aunque se circule -como es el caso del trayecto Zaragoza-Barcelona- por autopista de impecable carpeta (25 euros por 250 km) y casi desierta.

    Se empieza con cierta resistencia. Con el… “¡pero será posible!” a flor de boca. Pero, pasan los kilómetros y se redescubre el encanto de los 120. La marcha tranquila, el respeto de los demás conductores, la paciencia compartida de saber que no se puede ir más rápido. Y que, después de todo, no está tan mal.

    La otra parte de la historia es el rigor para hacer cumplir la ley. En este caso, un enjambre de radares que hacen de las rutas un campo minado. Si se superan los 120 kilómetros de la prohibición llega por correo la fotografía con la patente del auto y el monto de la multa: 150 euros, la primera vez. Nada de policía ni del patético “si quiere lo arreglamos aquí mismo y se ahorra el trámite”. Aquí es documento y a pagar. “Y si sigue así, le quitamos el registro, ¿está claro?”.

    Cruza de pronto el recuerdo de la Panamericana, rumbo a Pilar. De la feroz lucha por el carril izquierdo, de los conductores histéricos que avanzan con el guiño encendido en permanente, ya como filosofía personal. Hartos, dispuestos a lo que sea con tal de llegar primero.

    Más que formas de ir por la ruta parecen formas de ir por la vida.

    Link corto: http://www.lanacion.com.ar/727966

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