Una diputada muy comprometida con la bandera

Esto lo vi en el Cronista…realmente estamos para grandes cosas.

Ocho segundos de bandera: un proyecto desopilante Osvaldo Pérez SammartinoLa senadora peronista Silvia Giusti presentó un proyecto de ley, que cuenta con despacho favorable de comisión, destinado a modificar la Ley Nº 17.741, que permite obtener financiación estatal para las películas nacionales, incluyendo como uno de las condiciones que califican este concepto la siguiente: “la aparición de la Bandera Nacional Argentina como mínimo en plano general por ocho (8) segundos, cuya aparición podrá ser fraccionada en distintas secuencias a lo largo de la película”.

Entre los fundamentos de la curiosa iniciativa se nos explica que con la aparición de la bandera argentina “se refuerza la identidad cultural de un pueblo que requiere la producción de sus propias imágenes”, dado que “la industria cinematográfica es actualmente avasallada ante películas extranjeras (especialmente estadounidenses) donde es constante la presencia de elementos culturales e históricos propios de esas regiones”. Ante esa situación se propone acercar la gente a los símbolos patrios” para “reforzar la identidad argentina” y “darle a la misma una especie de sello de calidad, circunstancia que lleva a la senadora a formular el siguiente pronóstico: “El espectador argentino nota en la película un símbolo que le pertenece y se siente parte importante de la construcción de la cinta cinematográfica; mientras que el espectador extranjero advierte también una especie de sello propio e inconfundible que tendrá en cuenta al elegir su próxima película” (no se aclara si para volver a ver una película argentina o para prescindir de ellas y, ya conocida la celeste y blanca, buscar nuevas banderas en películas de otros países).

Ahora bien, postular que un espectador que ve al pasar una bandera albiceleste se siente parte importante de la construcción de la cinta cinematográfica es sorprendente, por decir lo menos. Quizás sea lo que le ocurre a la senadora Giusti; en cuanto a mí, debo confesar que al ver El santo de la espada no me sentí codirector de Torre Nilson, pese a que las banderas, las marchas militares y las efusiones patrióticas de todo tipo eran el eje de la película.

Con respecto a la necesidad de reforzar la identidad argentina, es de un llamativo puerilismo suponer que ese objetivo se conseguirá haciendo aparecer a nuestra bandera durante ocho segundos en un plano general, más allá de los esfuerzos a que obligará a los guionistas para ubicar a los personajes, aunque ello nada tenga que ver con la trama de la obra, caminando delante de escuelas, ministerios o algunos otros edificios en los que flamee la enseña patria.

La iniciativa senatorial no tiene aptitud para sortear el más leve test de razonabilidad. El artículo 28 de la Constitución Nacional determina que los derechos constitucionales no pueden ser alterados por las leyes que reglamentan su ejercicio. De esa cláusula derivó nuestra Corte Suprema el principio de razonabilidad o debido proceso sustantivo, según el cual no basta que una norma haya sido dictada por la autoridad competente y que se hayan cumplido todos los requisitos formales para su emisión a los efectos de su validez, sino que debe ser además razonable, es decir que los medios elegidos deben ser proporcionales (aún cuando no sean los más plausibles a juicio del tribunal que los examine) a los fines que el legislador se propuso conseguir (“Inchauspe”, Fallos 199:483 [1944] ). En el famoso caso “Cine Callao” (Fallos 247:121 [1969]) la Corte admitió la constitucionalidad de normas que imponían a los empresarios cinematográficos la contratación forzosa de artistas de variedades (para los números vivos, de poco amable recepción en los espectadores que iban al cine a ver las películas que ellos habían elegido y no otro espectáculo que se les infligía sin su consentimiento), pero fundó esa restricción a la libertad contractual en la emergencia suscitada por la desocupación que afectaba al sector de esos artistas. El Ministro Boffi Boggero, en su célebre disidencia, expresó con razón que había otros medios más equitativos por los cuales la sociedad en su conjunto – y no sólo los empresarios cinematográficos – podía soportar el costo de la resolución de ese problema. Pero en el caso de la bandera, no se ha invocado la emergencia patriótica y, si se acudiera a ese novedoso concepto, por cierto los medios elegidos para paliarla no guardan la menor proporcionalidad con los fines buscados.

Por lo demás, resulta una inadmisible intromisión del Estado en una de las más elevadas manifestaciones de la libertad de expresión, como lo es la creación artística. No es a través del patrioterismo barato como se ha de fomentar el apego a nuestra cultura. El proyecto de la senadora Giusti atrasa varias décadas, por lo que no desentona con el clima general que estamos viviendo. Sólo se olvidó de mencionar el metafísico ser nacional con el que los nacionalismos delirantes de derecha e izquierda nos apabullaban en épocas que creíamos ya superadas.

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